A partir de cierto punto no hay retorno, ese es el punto que hay que alcanzar. Franz Kafka, 1883 (Praga) – 1924 (Austria)
Hace algunas semanas, al llegar al comedor todas las mesas estaban ocupadas, en una de ellas habia un asiento desocupado estaban dos talentosas compañeras de trabajo – Karla Suire y Nelly Flores – y un, talentoso también, compañero – Miguel Ravelo, me senté con ellos, previo su consentimiento.
La comida transcurrió con una plática informal sobre el trabajo, el cine y la propia comida. Me llama la atención una pulsera en el brazo de Karla, pequeñas ruedas planas ensartadas en un cable metálico y sobresaliendo una de ellas por su tamaño y forma, le comento sobre lo extraña que está su pulsera y me dice que son 21 días.
¿21 días?, sí, 21 días de reto que tengo en una clase de yoga; tengo el compromiso de ir diario durante esos 21 días a practicar yoga, si dejo de ir un día, debo empezar de nuevo, hasta que cumpla los 21 días seguidos y cumpla mi reto. La pulsera es mi recordatorio, un contador de cómo voy con mi reto.
Pienso que esto es sin duda alguna, el trabajo personal para adquirir un hábito, más que un reto, que pensándolo bien, es un verdadero reto adquirir un buen hábito.
Me recuerdo de los 7 hábitos que se volvieron 8 de Stephen Covey, y viene a mi mente un libro que leí hace mucho tiempo, lo busco en mi librero, lo encuentro. El vendedor más grande del mundo de Og Mandino en donde como parte medular debías leer un pergamino durante 30 días para influir en el cambio de tu vida.
Después escuche la maravillosa canción del maravilloso Joaquín Sabina, 19 días y 500 noches en donde nos dice: tanto la quería que tardé en aprender a olvidarla 19 días y 500 noches.
Cuántos días, cuántas semanas, cuántos meses, cuántos años, cuántas vidas, nos hemos tardado en cambiar nuestras vidas, cuántos en que ya no nos duela un amor perdido, un recuerdo, cuántos en dejar de tener pensamientos que nos atormentan, cuántos.
Ahora me entero que los científicos y expertos en conducta humana dicen que toma 21 días en crear un hábito. En 2006, Will Bowen, creó la famosa pulsera morada con la leyenda “un mundo sin quejas” que tiene que ver con el reto de 21 días.
Pienso que lo primero que tenemos que hacer cuando queremos cambiar algo es tomar la decisión de hacerlo, lo segundo, es trabajar, día a día, paso a paso, el tiempo que sea necesario hasta vivir el cambio.
Creo que cada uno de nosotros tiene tiempos y ritmos diferentes de vida; me atrevo a comentar que circunscribir nuestros retos a 21 días, a tener un estándar para todas las personas, es tomar el riesgo de no cumplirlo y al final, tener un sentimiento de frustración y desánimo.
Cada quien que decida qué quiere cambiar y de acuerdo a sus circunstancias y talentos que se tarde el tiempo que se tenga que tardar, hasta lograrlo. ¿21 segundos?, ¿21 horas?, ¿21 Días?, ¿21 meses?, ¿21 años?, ¿21 vidas?, tú, y sólo tú, tienes la última palabra.
¿Se han dado cuenta que muchas veces nos sorprendemos a nosotros mismos?, ya sea porque reaccionamos diferente a una situación que siempre reaccionábamos igual, o porque, de repente, sin darnos cuenta, ya no nos duele una actitud de alguien para con nosotros, o ya no le damos la misma importancia a algo que antes se la dábamos. Lo que pasa es que estamos haciendo – involuntariamente, sin darnos cuenta – lo que debemos hacer, para llegar al punto sin retorno – del que habla Kafka –
Lo más inteligente es encontrar la forma de llegar a ese punto sin retorno lo más eficientemente posible, es decir, gastando eficientemente nuestros recursos para llegar a ello. Recuerden que eficiencia es la relación de los resultados que obtenemos con los recursos que gastamos en ello.
Estemos totalmente despiertos y atentos a nosotros mismos en lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos en el proceso para llegar al punto sin retorno, aplicando puntualmente nuestro plan, haciendo los ajustes necesarios para mejorarlo, hasta lograr nuestro objetivo, ya sea la vida que queremos, la salud que queremos, el amor que queremos, el dinero que queremos.
Si no han llegado, les deseo de todo corazón su pronto arribo.
Hasta el próximo capítulo. Paco González
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