El cine, el gran decodificador de la vida

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Lo confieso, cuando me siento en una sala de cine tengo el corazón dispuesto, lo que significa que pongo mi mente, cuerpo y alma a la historia que me están contando, además de disfrutar la historia atiendo en el cómo los personajes enfrentan las situaciones que se les presentan, lo cual me enseña que hay muchas maneras de vivir una situación determinada, todo depende de quién es ese personaje, cuál ha sido su historia, qué quiere, que aunado a esa situación, determinará qué piensa, qué siente, qué dirá y qué hará; siento mucho respeto por todas las personas que participan en la producción de una película y estoy claro que el trabajo que cada una de ellas, sea la especialización que sea, es imprescindible, mi reconocimiento y agradecimiento a su trabajo lo ejerzo leyendo, al final de la película, todos los créditos. Tuve la gran oportunidad en los días finales de enero, asistir al maravilloso taller CREATIVITY BOOT CAMP, de mi querida y admirada amiga Brigitte Seumenicht Notholt, en Juriquilla, un lugar paradisiaco, en el estado de Querétaro, en donde se movió mi vida, lo que originó ajustar el enfoque de mis sueños, aumentar mis horizontes, salirme de mi pequeña zona de confort y descubrir que existe un mar de posibilidades, un mar que está esperando por mí, pero, esa, es otra historia, que escribiré en otro texto; durante un descanso escuché el comentario de una compañera que decía que ella veía todas las películas mexicanas, porque sabía lo que costaba, en tiempo, dinero y esfuerzo, hacer una película en México; me encantó su comentario.

Relatos salvajes, de Damián Szifrón, con Ricardo Darín, Oscar Martínez, Érika Rivas, entre otros maravillosos actores y actrices; el tema nos habla de que sólo se necesitan que se reúnan ciertas condiciones de vida para que el ser humano, de cualquier género, edad, cultura, condición económica, cambie radicalmente su actitud y se vuelva un verdadero loco de atar, que desgraciadamente, muchas de esas ocasiones, resultan verdaderamente trágicas y ya no hay forma de ir para atrás. Creo que la clave es estar muy atentos en cada momento de nuestra vida para tener el cuidado de no tomar una decisión que nos perjudique emocional y físicamente, para siempre; sé que nos encanta la frase de que la vida siempre nos da una segunda oportunidad, la verdad es que no siempre, y muchas veces, ni siquiera nos da una, así que estemos siempre atentos para aprovechar las buenas oportunidades y estemos atentos a todas las decisiones que tomamos en nuestra vida, preguntándole a nuestro cuerpo si se va a sentir a gusto con la decisión que estamos tomando; y si la respuesta es no, o dudamos en la respuesta, lo mejor es reflexionar dicha decisión, antes de tomarla. Ricardo Darín en un referente del buen cine y de las buenas historias, en todas las películas que he visto donde ha participado, me han conmovido, lo vi por primera vez en El secreto de sus ojos, y la más reciente, Relatos salvajes, pasando por EL hijo de la novia, Nueve reinas, Tesis sobre un homicidio, XXy, Elefante blanco, El aura, y sé que me faltan muchas por ver, pero seguramente lo haré. Ricardo Darín es mi maestro de actuación a través de sus películas, creo que es la primera vez que lo comento, pero la actuación es uno de los temas pendientes en mi vida; algo que me gustaría también aprender de él, que no puedo aprenderlo viendo sus películas, es saber, qué piensa, qué siente, qué dice y qué hace para ser y estar en películas tan extraordinarias, tan inteligentes, tan conmovedoras, tan aleccionadoras; se imaginan tener esta habilidad para la vida misma.

Whiplash: música y obsesión – Whiplash – de Damien Chazelle, con el extraordinario MIlles Teller y el maravilloso, sí, maravilloso JK Simmons; película con un tema de vida, un tema que prácticamente está presente en todos nosotros, en especial en nuestro sueños de llegar a ser; soñamos mucho, hacemos poco, muy poco para ir en pos de ellos, es verdad, creemos que con sólo soñar, en automático se van a dar las cosas, el gran problema es que la vida se nos va soñando y cuando nos damos cuenta, tenemos poco tiempo para todo lo que soñamos, perdiéndonos muchas cosas por ello, y lo he comentado en muchos textos, siempre, siempre, hay la manera de cumplir nuestros sueños, no importando nuestra edad, género, situación económica, emocional, siempre, siempre, hay una forma para hacerlo, sólo tengamos el cuidado de estar vivos cuando nos demos cuenta.  En este momento recuerdo un texto de Ana Laura Magaloni que leí en el periódico Reforma, en donde habla de qué es lo que separa a los profesionistas sobresalientes del resto, y yo diría de cualquier profesión, de cualquier actividad en la vida, y nos dice Ana Laura que la diferencia más importante está en las horas de práctica, en el trabajo de todos los días, en la perseverancia, esa, es la diferencia entre el éxito y el fracaso. Ya Robert Greene en su libro Maestría, Editorial Océano, uno de mis libros favoritos, habla de las diez mil horas de práctica y del conocimiento en la punta de los dedos, diciéndonos que primero debemos identificar nuestra vocación, qué queremos ser y hacer, para qué somos buenos, qué origina el sentirnos plenos, satisfechos, sin tomar en cuenta el tiempo, ni el esfuerzo, ni el hambre, ni el cansancio, eso que lo origina es nuestra vocación, y esta, aunada al aprendizaje y a la práctica, con pasión, disciplina, esfuerzo y perseverancia, inevitablemente, nos lleva a volvemos unos maestros.  Podríamos no estar de acuerdo con Fletcher en sus formas para empujar al éxito al joven Andrew, pero no será que muchos de nosotros necesitemos un Fletcher, para que, de una buena vez por todas, hagamos lo que queremos y tenemos que hacer con nuestras vidas.

Dos días, una noche – Deux jours, une nuit – de jean-Pierre Dardenne con Marion Cotillard y Fabrizio Rongione, ambos espléndidos; desde hace mucho tiempo me vengo preguntando si el trabajo, como comúnmente lo conocemos, el ir a un sitio determinado donde me encuentro con otros seres humanos en mi misma condición de empleado, con un horario determinado, en donde existen ciertas reglas de comportamiento, en donde hay cotos de poder de pocos y que lo ejercen con la espada en la mano, en donde algunos se vuelven mis amigos y después mis enemigos, en donde muchos odian lo que hacen y se vuelven muertos vivientes, en donde los que mandan desprecian a los mandados, y los mandados desprecian a lo que los mandan, en donde existe una gran inequidad en todos sentidos, en donde el dinero es el dios todo poderoso y del cual todos queremos ser el consentido, en donde sólo mis intereses cuentan y hago, lo posible y lo imposible, para salir bien librado, pasando por quien tenga que pasar, también en todos sentidos, para que al pasar de los años, dejando mi energía y parte de mi vida, me jubile y me vaya a mi casa a esperar la muerte. ¿Esto es la vida?, ¿Es lo que debe de ser?, ¿Es por lo que tenemos que pasar la mayoría?, parece ser que nuestra salvación, para esta situación, será la tecnología, sí, leyeron bien, la tecnología; en los primeros días de enero de este año me operaron de la vesícula por lo que tuve que estar muy quieto en casa durante dos semana, lo cual aproveché para divagar mi mente, reflexionar sobre mi vida y leer; tuve la fortuna de allegarme un maravilloso libro de Andrés Oppenheimer, CREAR O MORIR, Editorial Debate, con un claro y preciso estudio sobre la innovación y creatividad como herramientas posibles para enfrentar los grandes problemas con lo que vivimos en América Latina, con ejemplos de personas de carne y hueso, que se han atrevido a innovar, a través de la creatividad y tecnología, sus propias vidas; el libro tiene el más eficiente concepto de inspiración para todos los que lo leemos: alguien lo pudo hacer.  ¿Han oído hablar de la impresora en 3 D?, la cual cambiará nuestra forma de consumir artículos y cambiará la forma de producirlos, por lo que ya no existirán centros de trabajo como los conocemos ahora; seguro será una gran viraje en nuestras vidas, por lo que es muy oportuno que reflexionemos que existen otras posibilidades para vivir; salgamos de nuestra caja pensamiento y veamos con qué nos encontramos; hagámoslo, empecemos, de todas formas el futuro llegará pronto.

Leviatán – Leviathan –  de Andrey Zvyagintsev, con Aleksey Serebryakov, Elena Lyadova, Roman Madyanov, entre otros; el tema principal, un coctel de corrupción, impunidad y amor; corrupción e impunidad, padres de la desigualdad, diría Ricardo Raphael, por favor lean su espectacular libro, MIRREYNATO, Editorial Temas de hoy; decía de la corrupción e impunidad, elementos que ya son muy comunes en nuestras vidas, a los cuales nos estamos acostumbrando de una manera tal, que ya no nos asombra que un , altísimo, alto, mediano o bajísimo funcionario público, sea hombre o mujer, que pusimos nosotros con nuestro voto,  para que nos representara o para que defendiera los intereses de todos, o que haya llegado al poder con métodos no muy claros, robe los recursos – naturales, físicos, económicos – de una comunidad o de un país, pasando encima de la ciudadanía, que no tenga consecuencias legales, y sí, sus beneficios personales; que además siga teniendo el poder para decidir qué se hace y qué no. Con un gran conocimiento de cómo doblegar eficientemente cualquier brote de descontento a través de la filosofía, primero plata, después bala.  ¿Será verdad que la ocasión hace al ladrón?, que el mismo sistema político en que nos movemos genera que las personas no tengan otra opción más que la de robar, la de engañar, la de obtener la mayor ganancia económica en el menor tiempo posible, sea como sea, al costo que sea, incluso pasando por su honorabilidad como persona, y aunque la película nos remite a un lugar muy lejano, es un tema que lo podemos estar viviendo, ahorita mismo, en algunas de nuestras comunidades más cercanas. Lo que es cierto , casi como un absoluto, casi como una gran verdad, ya que hay excepciones, es que cuando alguien, sea quien sea, nos ofende, nos agrede, nos lastima, nos engaña, es porque nosotros mismos lo permitimos.

Alma salvaje – Wild – de Jean-Mark Vallée, con la siempre sorprendente y extraordinaria Reese Witherspoon; nosotros mismos, esta es la clave, nosotros mismos somos los autores y relatores de nuestras vidas, nosotros mismos decidimos si la vida es un cielo o un infierno, en general nadie puede ayudarnos, aunque tenga la mejor intensión, sólo nosotros mismos podemos curar nuestra heridas emocionales ya que nosotros mismos permitimos que se originaran. Nosotros mismos decidimos cómo nos afectan las experiencias a las que comúnmente llamamos problemas y depende de nosotros mismos hacer una tormenta en un vaso de agua o hacer de una gran tormenta un poco de agua en un vaso. No estamos acostumbrados a estar con nosotros mismos, nos da pavor decirnos cosas que sabemos nos van a doler y por lo mismo lo evitamos; hay un artículo que está prácticamente en todas nuestras casas, el cual llamó ubicatex, un elemento que te ubica automáticamente cómo estás, en dónde estás, y a qué le estas poniendo atención en tu vida, y por lo tanto, existe en tu vida, el espejo que tenemos en el baño; les invito a hacer un ejercicio, pónganse frente al espejo y díganse a sí mismos qué ven, a quién ven, ¿Les gusta o no les gusta lo que ven?, si no les gusta lo que ven, insúltense fuertemente por ser, hacer y tener lo que no quieren ser, hacer y tener, y pónganse a trabajar en sí mismos para ser lo que quieren ser, hacer y tener; si les gusta, envíenle su mejor sonrisa al o la que están viendo en el espejo y propóngase hacerse la mejor versión de sí mismo o sí misma.

Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia – Birdman or the unexpected virtue of ignorance –  de Alejandro González Iñárritu, con Michael Keaton, Emma Stone, Edward Norton, todos extraordinarios, en especial Keaton, y la sublime e imprescindible fotografía de Emmanuel Lubezki, y digo imprescindible porque la película no sería lo que es sin la fotografía de Lubezki;  el tema es vivir en el ensueño a través de nuestros automáticos; gran parte de nuestra vida no la pasamos en la ensoñación, físicamente en la vida real y mentalmente, en otro lado, usando eficientemente nuestros automáticos; como siempre lo comento, existen automáticos que no son tan perjudiciales, que sólo nos quitan tiempo y nos dan algunas leves preocupaciones, no acordarnos si cerramos la puerta de nuestra casa o si le pusimos el seguro al coche al cerrarlo, por lo que nos regresamos a verificar si cerramos la puerta o si cerramos el coche y siempre nos encontramos con que sí cerramos ambas cosas; no estamos en el momento presente en el lugar presente, ese es el tema, muchas veces manejamos, caminamos por las calles, trabajamos, comemos, en fin, en muchas actividades de nuestra cotidianidad, vivimos con los automáticos puestos, los que nos llevan a vivir en el ensueño, perdernos el presente, y lo peor, existen automáticos que nos descomponen la vida; relacionarnos con el mismo tipo de personas que sabemos nos joden la existencia, pensar que somos lo que realmente no somos, que hacemos lo que realmente no hacemos, viviendo una vida que realmente no estamos viviendo. Ya Ouspensky en sus impactantes textos nos dice que el ser humano tiene una gran capacidad para transcender el la vida, conociéndose y controlando su ser, pero, que no lo puede hacer porque para ello necesita mucha energía, la cual gasta en pensamientos y actividades que no le reportan ningún beneficio, como el vivir soñando, en preocuparse por algo que puede o no pasar, en estar atentos y preocupados en lo que las demás personas piensan de nosotros, en estar atentos de lo que dicen y hacen otras personas, las cuales, muchas veces, no merecen que ni las miremos; para trabajar en nosotros mismos Ouspensky tiene instrucciones para este trabajo, siendo algunas de ellas, no expresar emociones negativas ni desagradables, no mentir, minimizar el innecesario parloteo , hablar, hablar, hablar, de todo y con todos, y cuando no tenemos con quien hablar, hacerlo con nosotros mismos, con temas irrelevantes, aprender a sufrir, observarnos a nosotros mismos y lo más importante, verificar todo por nosotros mismos.

Por favor no se pierdan Boyhood: momentos de una vida – Boyhood –  de  Richard Linklater, con Ellar Coltrane, Patricia Arquette, Ethan Hawke; es una película de cómo transcurre la vida, ver cómo crecen los personajes es una verdadera joya.

Selma: el poder de un sueño – Selma – de Ava DuVernay, con David Oyelowo, Carmen Ejogo, Tim Roth; la gran historia de un sueño hecho realidad.

Teoría del todo – Theory of everything – de James Marsh, con Eddie Redmayne, Felicity Jones, ambos extraordinarios, Tom Prior; la ciencia y el amor no están peleados, tampoco la ciencia y el desamor.

Foxcatcher, de Bennett Miller, con las actuaciones maravillosas de Steve Carell, Channing Tatum, Mark Ruffalo; el dinero y el posible poder que nos da, no siempre es buen consejero.

El código enigma – The imitation game – de Morten Tyldum, con los extraordinarios Benedict Cumberbatch y Keira Knightley; la aventura de salirnos de la caja.

El gran hotel Budapest – The Grand Budapest Hotel – de Wes Anderson, con Ralph Fiennes, Tony  Revolori, F. Murray Abraham; bella, bellísima película, grandes actuaciones, bellas locaciones, bellísima música, sobre todo la de los créditos, un monumento a la vida.

Finalmente, les pido un gran favor, hagan de su vida, la mejor película, y que el personaje principal sean ustedes mismos. Los quiero, Paco González

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