Te amo

Ayer, estando en el gimnasio haciendo ejercicio, escuche a lo lejos el llanto de un bebé, mientras pasaba el tiempo el llanto seguía y se volvía un llanto más angustioso, voltee para todos lados y tal parecía que yo era el único que lo escuchaba, cada quien estaba en lo suyo, como parece ser lo normal, apagué la caminadora y fui tras el llanto.
Llegué al tercer piso y me encontré a una joven, extremadamente joven, cargando a un bebé de meses, meciéndolo en sus brazos, rudamente, y dándole pequeños golpes en la espalda, que según me comentó, así generalmente se calma; a primera vista supe que era la cuidadora, ¿cuidadora?, o nana del bebé, o la trabajadora doméstica.
Pregunté por la madre y me contestó que estaba en la clase de yoga, le pedí que me dijera quién era para ir a buscarla, tajantemente me contestó que por favor no lo hiciera ya que la señora se molestaba si le hablaban cuando estaba en clase y si lo hacía, a ella le iba a ir muy mal. El llanto seguía, más fuerte y más angustioso, ha de tener hambre, me comentó apenada.
Me quedé parado como un idiota pensando que el yoga es la unión entre la mente y el cuerpo para buscar la paz interior lo cual nos lleva a un crecimiento espiritual y viendo en la realidad a un bebé – ser totalmente indefenso que requiere total atención de un tercero para sobrevivir – sufrir, mientras su madre se elevaba espiritualmente, imagen que me pareció una verdadera estupidez e incoherencia.
Al poco rato aparece una joven mujer, muy guapa, con un semblante relajado, a paso lento, diciéndole al bebé, pero qué pasa por qué tanto escándalo, ya, tranquilo, ya llegué, se metió al baño, el llanto seguía, al salir le pidió algo a la chica que estaba con el bebé, de una bolsa sacó algo como un babero con la que se tapó el pecho, se sentó y le dio de comer al bebé.
En una reunión a la que asistí hace unos días entablé una plática profunda con una extraordinaria mujer que me platicaba, muy atribulada, que tenía un hijo de más de 30 años, muy talentoso y muy exitoso en lo que hacía, pero que seguía viviendo solo y que recientemente había tomado la decisión de separase de su novia, cuando ya habían decidido casarse o vivir juntos, a la cual, seguía amando profundamente; algo que ella respetaba pero que no entendía.
Entrando más en la plática me atreví a preguntarle de cómo era el ambiente familiar cuando él era niño, él siempre estaba solo ya que yo tenía que salir a trabajar para mantener la casa y sus estudios; no tuve el valor de preguntar por el padre.
Tuve la oportunidad de participar, hace ya algún tiempo, en un ejercicio vivencial muy fuerte; hombres, mujeres, de todas las edades, de profesiones y actividades diversas nos reunimos para hablar de lo que más nos dolía; el tema de los padres y nuestra vivencia con ellos era en principio, para la gran mayoría, un tema de dolor profundo.
Mi padre nunca me dio un beso; mi madre nunca me dijo que me amaba; mis padres siempre me dijeron que era una inútil, que no servía para nada; conocí a mi padre siendo yo un adulto; mis padres se emborrachaban delante de todos nosotros, yo tenía que cuidar a mis hermanitos; mi madre me decía que por haber yo nacido le había arruinado su vida; mi padre fue el primero de darme a probar las drogas; mis padres siempre estuvieron ausentes; yo siempre me sentí un estorbo para mis padres; hiciera lo que hiciera nunca complacía a mis padres; estudié una carrera que odio, sólo por darle gusto a mis padres; mi padre me violó cuando era un niño de seis años; mi padre me violó cuando era una niña de nueve años y mi madre, a pesar de darse cuenta, no hacía nada por defenderme; hay más, pero creo que es suficiente.
También conozco a muchos padres que tratan a sus hijos con gran amor y respeto, que los procuran y les muestran la vida, poco a poco, en su gran magnitud, tengo la fortuna de conocer muchos ejemplos de estos, conozco también a madres, solas, que han desarrollado el papel de madre y de padre con una eficiencia extraordinaria.
He aprendido que a los hijos hay que abrazarlos, besarlos, respetarlos y decirles que los amamos, lo más seguido posible, sin perder la mínima oportunidad de hacerlo; hace tiempo le decía, en tono broma a un buen amigo, abraza y besa a tus hijos lo más que puedas, con ello les estas ahorrando mucho dinero en el pago del sicoanalista cuando sean adolescentes o adultos, incluso, a la mejor es dinero que te estás ahorrando a ti mismo ya que podrías ser tú el que pague el tratamiento.
Hagan el siguiente ejercicio, vean a sus hijos a los ojos y díganles, con una gran carga de amor en sus palabras, con gran sinceridad, que los aman, verán que maravillosa experiencia de vida. Una palabra hacia nuestros hijos, en un momento y contexto determinado, puede moverlos hacia grandes posibilidades – ¿verdad Benjamín Zander? – o podemos hacerles un gran daño y tendremos que pagar el precio – otra vez, ¿verdad Benjamín Zander?, y muchas veces, lo hacemos sin intensión, lo cual hace el mismo daño, pero sin darnos cuenta, ¿cuántos recuerdos negativos tendrán nuestros hijos de nosotros de los cuales no sabemos?, sería interesante preguntárselos cara a cara, con el corazón en la mano, seguramente ellos lo tienen muy presente.
Una buena justificación de muchos padres es que no atienden a sus hijos por estar trabajando, ganando dinero, para darles todo lo que necesitan y por eso están ausentes. Creo que en la mayoría de las organizaciones debemos empezar a reflexionar sobre el tema padres – hijos e iniciar mecanismo en donde los padres tengan la posibilidad de convivir más con sus hijos, sobre todo en momentos especiales, los primeros días de guardería, pre escolar y primaria, en festivales de la escuela, en las enfermedades, en sus primeras actividades deportivas, llevarlos a la escuela, tengan la edad que tengan es un gran pegamento amoroso con los hijos, en fin, en los momentos claves para ellos, buenos y en especial los malos; todos ganamos, gana la organización con colaboradores tranquilos con energía suficiente para el trabajo cotidiano, los colaboradores estarán contentos en la organización que trabajan y seguramente serán fieles a ellas y por otro lado, estaremos preparando a futuros ciudadanos sin cargas negativas en sus vidas con lo cual ahorrarán energía para usarla en mejores formas de vida en todos los sentidos, mínimo serán personas sanas lo que representa una gran fortuna.
Hijos, si han tenido la fortuna de haber tenido padres que han sido un gran apoyo, en todos sentidos, para ustedes, por favor dejen de leer este texto y contáctense con ellos por la vía que quieran, en persona, correo electrónico, teléfono, en una oración, en lo que quieran y díganles: gracias, te amo.
Padres, por favor hagan lo mismo con sus hijos y díganles: te amo.
Hijos que han tenido la mala experiencia en las relaciones con sus padres, queda un sólo y maravilloso camino, el perdón, perdonen de todo corazón, trabajen en ello el tiempo necesario hasta que verdaderamente sientan que han perdonado, perdónense a si mismos por no tener el valor y humildad de perdonar antes y perdónense por cargar con algo que les hace tanto daño y que no se merecen, decidan si perdonan y olvidan o si perdonan y contactan, sin rencor y con amor, sí con amor, con sus padres.
Padres, nunca es tarde para reencontrarse, en todos sentidos, con los hijos, independientemente del costo que tengan que pagar, cualquier costo es mínimo cuando se trata de los hijos y si hay que pagar un costo, páguenlo con gran dignidad, seguro que ese costo será más barato, en todos sentidos, que cargar con algo tan pesado.
Gracias, mil gracias por leerme, los amo, Paco González

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