Un clavado hasta el fondo de mi vida.

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He regresado a uno de los temas que más me apasionan, escribir; sueño – despierto – con entregarles un texto cada mes e iniciar el diseño de un libro; me estoy comprometiendo con ello.
En uno de mis libros favoritos – yo les llamo libros de vida – La aventura de pensar de Fernando Savater, en una de las páginas escribí con tinta roja: quiero; el texto dice: Sin llegar a ser un hombre rico, su fortuna personal le garantizaba una vida cómoda e independiente… quiero, quiero y mil veces quiero.
Hoy día estoy instalado en un entrenamiento que se llama no hay nada para mí; no saben lo difícil que es transitar por ese camino, mi zona de confort tiene diario intentos de suicidio, mi ego me dice que estoy enloqueciendo y me pide a diario que regrese a la normalidad, físicamente es desgastante por lo que mi salud, algunas veces, se reciente.
Estoy cambiando mi vida de lugar y no se imaginan lo alucinante que es esto, pero si no soy yo, ¿quién?, y si no es ahora, ¿cuándo?
Hace un buen tiempo que no voy al cine, no voy al gimnasio, hoy, después de varias semanas, al terminar este texto iré. Y ustedes se preguntarán qué carajos he estado haciendo. Locuras, maravillosas locuras que cada día me están volviendo un mejor ser humano.
Acabo de cumplir 63 años y mi pasión por pensar, mi pasión por sentir, y mi pasión por hacer es cada día más grande, en las mañanas, después de bañarme, cuando me veo al espejo, algunas veces me da por pensar que ese cuerpo no tiene nada que ver con lo que tengo en mi mente y alma.
Es importante señalarles que todo lo que les comente sobre este entrenamiento es únicamente mi experiencia, hablaré siempre en primera persona. El pasado domingo, después de haber entrado el viernes por la tarde, trabajar todo el sábado, no dormir esa noche, muy de mañana, me vestí de payaso para que después de una sesión de tres horas, visitaría una comunidad llamada las Mercedes en donde hay niñas y niños – si les digo las edades sería muy doloroso por lo que prefiero abstenerme de ello – que fueron, prácticamente, rescatados de la trata de personas, orientado principalmente a la explotación sexual infantil.
Cuando iba en el autobús hacia la comunidad, mi ego (nerd) y mi buen juicio – ya saben que somos buenos para crear argumentos para consolidar nuestras creencias frente a algo que se sale de nuestra caja de vida – me decían, oye estúpido, imagínate qué no habrán vivido esas niñas para que tú, vestido y pintado de payasito pretendas hacerles la diferencia del día.
Quiero hacer un paréntesis para platicarles el tema del autobús; una de las reglas que debíamos cumplir es la de no separarnos, más de 30 personas – desde la salida del edificio donde trabajamos hasta el regreso – lo cual nos impedía usar nuestros coches o irnos en taxis; además debíamos cumplir con un horario lo cual dificultaba más el ejercicio. Unos decían que nos fuéramos en metro, otros que en metrobús – sistema de transporte de camiones con vías confinadas que se usa en la Ciudad de México – pero ni el metro ni el metrobús iban a donde nosotros pretendíamos ir. Finalmente decidimos caminar hacia una terminal de camiones y conseguir uno. Dos compañeros se adelantaron, en la esquina dieron la vuelta, los perdimos de vista y tres minutos después vemos dar la vuelta a un microbús, ellos salidos medio cuerpo entre las ventanillas, agitando las manos para indicarnos que venían por nosotros.
Lo que verdaderamente me sorprendió es que la mayoría lo vio como algo normal, cuando en realidad no debería estar un microbús en esas calles y menos vacio, y menos acceder a dar servicio a unos desconocidos vestido y pintados de payasos.
Haré otro paréntesis; hace aproximadamente unos 20 o 25 años mi vida estaba muy revuelta, un día, me habla un primo que hacía mucho tiempo no nos habíamos comunicado, me pregunta cómo estaba, le comento que como cansado y decaído, me dice ven a verme, te doy una revisada; él es doctor especialista en medicina del deporte; llegué a su consultorio, estaba ocupado, me siento en la sala de espera, me llama la atención en un revistero un libro maltratado, con algunas hojas sueltas, leo el título: Psicología de la posible evolución del hombre, de Ouspensky.
Abro al azar una página y leo: el hombre no se conoce, no conoce ni sus límites ni sus posibilidades, no conoce siquiera hasta qué punto no se conoce…; salto a otra página, la expresión de emociones negativas – violencia, depresión, compasión de sí mismo, cólera, desconfianza, miedo, contrariedad, aburrimiento, celos, etc – es simplemente un signo de debilidad en el hombre, un signo de mal carácter y de impotencia para guardar para sí sus propios agravios.
Estaba en un lugar que antes de la llamada telefónica no tenía idea de estar, encontrándome con un libro que había olvidado un paciente, que mi primo lo dejó en el revistero por si algún día regresaba el dueño, de una editorial argentina – Librería Hachete S. A. – que no distribuía en México, que tenía mucho tiempo arrumbado. Le pedí llevarme conmigo el libro, llegué a casa, inicie su lectura y se convirtió en uno de mis libros de vida; unos 10 años después, un día a un compañero de trabajo se le ocurre que comamos en un lugar totalmente diferente, llegamos a un restaurante situado en una zona que no frecuentábamos para comer, después de comer decide bolearse los zapatos, yo mientras me cruzo la calle a curiosear los libros en un Sanborns, sin pensarlo le pregunto al encargado si tenía libros de Ouspensky, me dice que no le es familiar el autor, llama a un supervisor, le explica, pensativo dice: creo que he visto un libro con un título raro de un autor raro, que está dado de baja en la bodega porque estuvo mucho tiempo en exhibición y nunca se vendió; uno de ellos va a la bodega, regresa con el libro Fragmentos de una enseñanza desconocida de P.D. Ouspensky, Editorial Ganesha, Caracas, Venezuela; lo dan de alta en el sistema para poder vendérmelo, por curiosidad le solicito al vendedor que por favor vea en su base de datos si dicho libro está o ha estado en otro Sanborns, después de buscar la respuesta fue no. Se convirtió en otro libro de mi vida.
Reproduzco un fragmento: pero para ser capaz de alcanzarlo, o al menos de entrar en este camino, el hombre debe morir, esto quiere decir que debe liberarse de una multitud de pequeños apegos y de identificaciones que lo mantienen en la situación en que se encuentra actualmente, en su vida, tiene apego por todo, está apegado a su imaginación, apegado a su estupidez, apegado también a sus sufrimientos; y quizás a sus sufrimientos más aún que a cualquier otra cosa… hoy es lo que es porque ayer fue lo que fue, y si hoy es como ayer, mañana será como hoy, si ustedes quieren que mañana sea diferente, deben hacer que hoy sea diferente…
Cuando llegué vi caras de asombro, grandes sonrisas, brillo en todos los ojos y corrieron a abrazarme; mi pinche ego (nerd) y buen juicio se desmayaron, lo cual aproveché para abrirme como ser humano y entregarme a esas niños – aunque la mayoría eran niñas, había también niños, y algunos de ellos extremadamente pequeños –
Al regreso, en el microbús, con un tráfico del demonio, ya con un cansancio extremo, escuche el comentario de que era muy bueno poder darles algo a esos niños, volteé y comenté, te tengo malas noticias, ellos nos dan más a nosotros de lo que nosotros podemos darles, se hizo un gran silencio y seguimos nuestro camino.
No hay nada para mí, cinco palabras que en ese orden implican un contexto verdaderamente brutal. Siempre estamos buscando una ganancia, en un trabajo, generalmente estamos esforzándonos para tener un mejor puesto, para ganar más y las forma de lograrlo, muchas veces, es lo que menos importa; en nuestras relaciones amorosas buscamos, siempre, tener el control, si tengo el control tengo el poder, y si tengo el poder, me siento seguro, y la forma de lograrlo, tampoco importa; con nuestra propia vida es lo mismo, incluso, cuando vivimos como victimas o nos sentimos menospreciados, es seguro que en el fondo, ganamos algo, si no, no lo haríamos. Finalmente la ganancia es lo importante.
Este ejercicio me ha generado conocer historias de vida que me han cambiado de lugar como ser humano; una pequeña que sus primeros tres años de vida los vivió en un auto abandonado en la calle, con una madre drogadicta, rescatada por una maravillosa organización – Anar, Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo – una organización con muchas necesidades pero que le sobra amor y valentía para hacer lo que hace, cuando puedan métanse a la página www.anarorg.mx y se sorprenderán; niños y adolescentes víctimas del maltrato, orfandad y desamparo –
– Cuál es tu sueño, le pregunté – ser dentista – por qué – porque me gusta verle los dientes a los niños.
No sé que voy a hacer, no tengo ni la más mínima idea, pero me comprometí con ella que le cumpliría su sueño y lo voy a hacer, cueste lo que cueste, tenga que hacer lo que tenga que hacer, ese sueño será cumplido.
Otra evidencia más de que no importa nuestro origen, que no importa nuestra edad, no importa nuestra condición económica y social, podemos soñar lo que queramos, sí, lo que queramos; cuál es el gran truco, el gran secreto; se llama intención, cuando tengo la intención de lograr mis sueños y le aumento mi compromiso por lograrlo, mi ser, mi propio ser me da los cómos para cumplirlos; recuerden, estamos donde está nuestra atención.
Si nuestra atención está en los problemas, en nuestras miserias, seguiremos viviendo en un mar de problemas y miserias; si está en nuestros miedos, y qué bueno que toco el tema del miedo, ese todo poderoso miedo, el cual nos borra totalmente del mapa de la vida; todos tenemos miedos, todos, sólo los muertos no lo tienen y no estoy muy seguro de ello. No se trata de no tener miedo sino convivir con él, llevarlo a nuestro lado, de la mano, sin soltarlo, para que no se nos escape y nos vuelva e envolver, para quitarle todo el poder que tiene sobre nosotros, no tomarlo en cuenta para nada es la clave, no involucrarlo en nuestros sueños, no dejarlo que se integre a ellos en la receta para anularlo; sé que existe, es verdad, sé que tengo miedo, es verdad, pero no me afecta.
Gastamos mucha energía y vida en los cómos, macro esfuerzos con micro resultados, dejemos de trabajar en los cómos y enfoquémonos en darle intención y ponerle compromiso a nuestros sueños, el resultado está garantizado, los cumpliremos.
Ya es muy tarde, me voy al gimnasio, mi corazón se queda con ustedes, por favor cuídenlo. Paco González

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  • The author’s name is always Nathaniel Rodrigues although it is not the size of his birth domain name. Interviewing is the way I earn their living. New Jersey is generally the set up she prefers most as her mom and dad live adjoining. To bungee rush out is the hobby my spouse doesn’t approve of.

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