El tono y un espectáculo de clase mundial.

El fin de semana pasado tuve dos experiencias inolvidables, ir al circo con mi gran amiga Carolina Castellanos López, la otra, ver el gran espectáculo OVO del Cirque du Soleil.
Hace varios años leía en un periódico – Diario Monitor – el cual ya no está en circulación, en una sección muy interesante que tenían – Escuela de negocios, lecciones de empresa – donde hablaban de las historias de éxito de empresas importantes.
Me enteré entonces de los inicios del circo, Guy Laliberé abandonó sus estudios y Québec, se fue a Europa a aprender la técnica de tragar fuego y al volver a Canadá en 1982 se reunió con acróbatas y actores, formando Le club des Talons Hauts para dar espectáculos callejeros.
En 1984 Laliberé y Daniel Gauthier se unen – por la necesidad del Gobierno para celebrar los 400 años del descubrimiento de Canadá – y forman una compañía itinerante de espectáculos que combinaba números de artistas callejeros con actos circenses, es el nacimiento del Cirque du Soleil.
Su primer espectáculo: La magia continúa; en 1987 salen al mundo con We reinvent the Circus. Cada uno de los espectáculos teniendo un periodo de desarrollo de dos a tres años, cada uno con un director del show y otro creativo, ofreciendo 11 distintos espectáculos alrededor del mundo con un centro internacional que mantiene al sistema del circo funcionando donde en ese tiempo trabajaban 1,600 de los 3,000 empleados de 40 Nacionalidades.
Nos sentamos y observamos mucha tecnología al servicio del espectáculo la cual nos impresiona al momento de aplicarla en el desarrollo de la función. Vimos una historia como hilo conductor, acróbatas que nos quitaban la respiración, bellos vestuarios, iluminación eficiente, una producción musical maravillosa, una escenografía puntual, un sistema de seguridad, tanto para los artistas como para el público con un alto nivel de eficiencia, en fin, una producción que no dejaba nada al azar, todo, y cuando digo todo es todo, caía en el momento preciso, cada quien haciendo lo que tenía que hacer, en el momento que tenía que hacerlo, en un despliegue de eficiencia en la cadena de valor. Y el plus, una interpretación exacta de los artistas, una sensualidad a prueba de mentes frías y un espectáculo con un ritmo exacto.
Al salir al estacionamiento me asombró el orden con que fuimos saliendo con muy pocas personas controlándolo, nadie tocando el claxon, todos haciendo fila en sus coches, nadie adelantándose a otro, existiendo la posibilidad de hacerlo ya que había suficiente espacio de un lado y de otro como para crear un caos de coches a la salida.

Mi teoría al respecto fue que habíamos visto tanta armonía y orden que por un momento nos contagiamos y no concebíamos que la salida debiera ser de otra manera.
¿Qué aprendí de estas experiencias?
Que existen personas que aunque dejemos de ver mucho tiempo, no dejan de ser importantes en nuestra vida, sin embargo, lo cotidiano, el día a día, lo vivido en cada persona, cambia el tono de todo lo pasado, lo queramos o no lo queramos, esto no se trata de decisión, se trata de realidad, por ahí alguna vez escuche: la realidad manda. Hace algún tiempo, manejando, me encontré en un espectacular un anuncio de algo que no recuerdo, debió ser un crema o una pintura, no lo recuerdo bien, lo que sí recuerdo claramente es el texto que leí: El tiempo cambia el tono de las cosas, y es verdad, el tiempo cambia el tono de las cosas, para bien o para mal, nos guste o no nos guste.
Cuál es el secreto de estas organizaciones, por qué son un referente de éxito, por qué perduran. Mi teoría es que aplican total o parcialmente los siguientes conceptos, de acuerdo a los bienes o servicios que ponen en el mercado, de acuerdo a las personas que las integran y a la misión y visión de cada una de ellas, como en la vida y en el amor, no existen recetas, existen principios y creo que son los siguientes:
Privilegian el talento, a estas organizaciones no les importa el sexo, la edad, la forma de vestir, la forma de hablar, el pasado de las personas, las preferencias sexuales, la nacionalidad, la religión, incluso a alguna de ellas no les importa el nivel académico por aquello de la fama de que las universidades sólo sirven para pulir piedras.
Integran a personas que son muy buenas en lo que hacen, que son mejores que muchas personas en lo que hacen, personas que tienen la capacidad de innovarse y reinventarse, personas que tienen la mente abierta para ver todo desde diferentes aristas y que saben que todo tiene que ver con todo, personas que disfrutan lo que hacen hasta llegar a la pasión y como ya lo oímos en una gran película – El secreto de sus ojos – podemos cambiar de trabajo, podemos cambiar de pareja, incluso podemos cambiar de nombre, pero nunca, nunca podremos cambiar de pasión. Y un gran extra, el humor, ¿se han dado cuenta que la inteligencia está muy ligada con el sentido del humor?
Las organizaciones de clase mundial saben tratar a todos sus integrantes, no les da miedo otorgarles excelentes salarios o incluso hacerlos socios, saben que valen lo que cuestan; saben consentirlos, tanto en trato como en instalaciones no convencionales – ellos mismos no son convencionales – incluso buscan darles a los integrantes instalaciones lúdicas y placenteras, las organizaciones saben que el juego y la tranquilidad mental son detonadores de grandes ideas. Saben que si respetan los tiempos que tiene cada persona – que generalmente son diferentes – originan grandes innovaciones, no pierden el tiempo implementando horarios y días “hábiles”. Conocen muy bien el principio Price Prittchett, la organización nunca será lo que la gente no es. Traen a la persona correcta y la ponen en el lugar correcto.
La planeación la consideran como una religión, la prisa no los mueve, saben que una excelente planeación, sin dejar nada al azar, se tarde el tiempo que se tarde, será una base sólida para desarrollar con éxito cualquier proyecto, no se distraen sufriendo cuando tienen atorones en la planeación o cuando se dan cuenta que están equivocados, no se sientan a lamerse la heridas, reinician de nuevo. Saben muy bien – así como lo supo Steve Jobs, Think different, ¿lo recuerdan? – que la calidad del producto o servicio es lo más importante, sí, lo más importante y que todos deben trabajar enfocados en ello.
Cuando inician el desarrollo del proyecto – producto o servicio – cada quien sabe puntualmente su función, su responsabilidad y su alcance, todos los integrantes de cada área saben que se interrelacionan con otra u otras haciendo una cadena de valor, que algunas son sus proveedores y otras son sus clientes. Saben muy bien que cuando se pasa del papel a la realidad se deben hacer ajustes y no se angustian por ello, saben que es parte del proceso.
Conocen y aplican eficientemente el enfoque sistémico, en donde todo tiene que ver con todo – como en la vida misma – están conscientes que una falla en algún punto, siempre afectará a otro u a otros por lo que existen puntos de control eficientes y cuando algo falla no se ponen a pensar en ese momento cómo resolverlo, con anterioridad ya pensaron todos los escenarios posible y ya tienen un menú de soluciones eficaces.
Integran eficientemente la sustentabilidad con la mejora continua, saben muy bien que la mejora continua los lleva irremediablemente a la sustentabilidad, por ello, son organizaciones que duran toda la vida, que se abren a todo el mundo, el miedo es una palabra que está en desuso en su lenguaje cotidiano, todo es posible, todo, como en la vida misma.
La transferencia de conocimientos – en todas sus formas – es más importante para ellos que la ganancia económica ya que están conscientes que el conocimiento es poder – ¿verdad Francis Bacon?, y que ese conocimiento les abre un mar de posibilidades.
Un fuerte y cariñoso abrazo para tod@s.
Paco González

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Un fuerte y cariñoso abrazo. Paco González

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